Marrakech II, apuntes sobre su historia

A principios del primer milenio DC, una incipiente confederación de tribus bereberes saharianas de los Sanhaya, procedentes de la Mauritania meridional, autodefinida como Al Morabitum (los del Ribat -Monasterio- , una especie de monjes-guerreros, al estilo de los que existían en esa mismo época en la Europa cristiana) , y conocidos por la historia como los almorávides, decidió expandir su visión del Islam, y por consiguiente, aventurarse a la conquista de los territorios por los que discurrían las caravanas transaharianas, poblados por los Berruata, tribus idólatras que practicaban el bandidaje.- Tras asegurarse Sijilmasa (1.053) y Taroudant (1.056) , organizaron una campaña para someter el valle del Draa y el paso del Alto Atlas hasta las llanuras del norte, hasta Agmat.

Una vez conquistada Agmat, satisfecho por haber conseguido dominar toda la ruta caravanera de Mauritania hasta el norte del Atlas, Abu Baker, líder del movimiento, y su segundo al mando Yusef Ben Tachfin, intuyeron la importancia del lugar en el que que se encontraban, la depresión de Haouz. Se trataba de un páramo desértico y llano, pero muy cerca de las altas cimas del Atlas -y por tanto, con posibilidad de canalizar agua para abastecimiento y regadío-, situado a menos de 200 km de la costa atlántica –y sus puertos- y dominando los únicos pasos transitables del Alto Atlas Occidental.- Abu Bakr, en 1060 ordenó construir una gran kasbah pocos kilómetros al norte de Agmat para reafianzar la posición, y dejó a Yusef Ibn Tachfin al mando para poder combatir unas revueltas en el Sáhara. Al regreso de Abu Bakr, Yusef había ganado enteros con sus súbditos y le impidió retomar el mando.

Ibn Tachfin terminó la Kasbah, dotándola de una mezquita a la que puso su nombre y de calles pavimentadas. Esta creciente kasbah, dromedario a dromedario, usurpó a Agmat el comercio caravanero de la región… había nacido Marrakech, ciudad que con el paso de los años prestaría su nombre al país. A la Muerte de Yusef Ben Tachfín le sucedió en el cargo su hijo Ali Ben Yusef, quien en 1127 termina las obras de los 9 km de murallas que rodearon la ciudad.-Marrakech comenzó a crecer en población absorbiendo flujos migratorios de zonas colindantes que acudían atraídos por la prosperidad del pueblo, en parte inducida por la construcción de las jataras, canalizaciones de agua procedente de las montañas del sur que fertilizaron sus áridos terrenos y permitieron la plantación y posterior subsistencia de un gran palmeral, el único al norte del Alto Atlas.

Una vez que el imperio almorávide logró el control de Al Andalus, se designó a Marrakech como capital.- Pero este primer imperio bereber tuvo una vida efímera, pues en 1147, y tras un largo asedio a la ciudad, nueve días de pillaje, saqueos, incendios, masacres y violaciones incluidas, la convirtieron en un amasijo de escombros y cenizas, arrollando casi todo vestigio arquitectónico almorávide, hasta el punto que practicamente el único monumento de la época que ha llegado a nuestros días es la kubba Ba'Adiyn (fotos inferiores, interior y exterior de la cúpula de la kubba Ba'Adiyn). Los almohades se habían hecho con el control de la ciudad.







Al regreso de su viaje a la Meca, en 1106 Mohamed Ben Toumert comenzó a predicar un Islam ultraconservador en la zona de Tin-mal, en el Alto Atlas occidental. Criticaba la dejadez religiosa de los almorávides (que, por cierto, habían iniciado su movimiento alegando los mismos motivos de laxitud religiosa y de costumbres y extensión del Islam a las tribus bereberes que ahora esgrimían los almohades), a la vez que se perjuraba descendiente de Alí y, por tanto, legítimo portavoz de Alá en el reino de los hombres. Reunió un gran ejército de cerca de 50.000 seguidores e intentó el asalto a Marrakech en repetidas ocasiones durante 20 años, sin éxito. A su muerte dejó el movimiento en manos de Abdelmoumen, quien decidió entonces tomar antes otras ciudades del norte mas accesibles y dejar el entorno inmediato, la capital, para el final tras haberse hecho fuertes... y así fue. Fez sucumbió en 1146 y Marrakech lo hizo al año siguiente.

Los almohades no solo conservaron, sino que potenciaron la importancia de Marrakech, reflejada en la envergadura de las construcciones y equipamientos de este periodo.- Abdelmoumen conservó la capitalía de la ciudad y ordenó la construcción de la mezquita y el minarete de la Kutubia (foto del encabezado), que quizás sea el monumento mas emblemático de Marrakech. Su hijo y sucesor en el trono, Yacoub Yussef, atrajo hacia la corte a numerosos sabios de todas las disciplinas, convirtiéndola en un importante foco cultural, y comenzó la construcción en Sevilla de un nuevo minarete, siguiendo el ejemplo arquitectónico de la Kutubía: la Giralda.- También plantó el olivar de la menara dotándolo de su característico estanque.- Su hijo y sucesor Yussef Yacoub "el mansour" se encargó en 1184 del proyecto de ensanchar la ciudad, con una superficie ya insuficiente, derribando la muralla defensiva y construyendo otra con el fin de agregar 11 hectáreas más al recinto. En esta época Marrakech ya se había convertido en la población más importante de todo el occidente africano, atrayendo a grandes filósofos que se asentaron y difundieron sus conocimientos en la ciudad, como Ben Tufayl, Ben Zurh y Averroes (éste último víctima del exilio de Al Andalus).

Tras este periodo de intensa actividad, llegó el momento de relajación almohade (eso de trabajito bien hecho... cigarrito p'al pecho, o quizá el momento kit-kat). Monarcas de escasa competencia se fueron sucediendo sin pena ni gloria en el trono mientras poco a poco la llamada reconquista española mermaba sus territorios soberanos al otro lado del estrecho a la vez que su moral, lo que produjo el nacimiento de grupos rebeldes disidentes dentro del imperio. El final de la dinastía había sido escrito, confirmándose en 1269.

Concluido el periodo Almohade, Marrakech vivió su primer ocaso. Las tribus meriníes, que historiográficamente se conocen con el nombre de Benimerines, procedentes del sur de Marruecos, fueron ascendiendo poco a poco hacia el norte, ocupando ciudades, siendo Marrakech la última en caer.- Quizás por esta razón, los Benimerines otorgaron a Fez el estatus de capital del imperio, relegando a Marrakech a un segundo plano. El éxodo de gran parte de la población, sabios incluidos, a Fez era inevitable, y esta continua decadencia se alargó durante 2 siglos.

Los Benimerines, lejos de devolver al pais su antiguo esplendor, prácticamente lo dilapidaron. Las revueltas internas continuaban y con la caída definitiva del reino nazarí de Granada, las posibilidades de volver a expandirse hacia la otra orilla, hacia Al Andalus, ya muy difuminadas desde la batalla de las Navas de Tolosa (1212), se evaporaron definitivamente.

No fue hasta el siglo XVI cuando comenzó el resurgir de la ciudad, motivado, como no, por un nuevo cambio en los gobernantes, tan ligados siempre a la historia de un pais… en este caso la llegada de los saadíes, quienes restauraron la ciudad, la embellecieron y le devolvieron la capitalidad.

Los comienzos del reinado de la dinastía saadí fueron realmente sangrientos. Mulay Abdaláh asesinó a todos sus familiares pretendientes al trono, aunque sus hermanos Abdelmalik y Ahmed el Mansour lograron escapar a Argelia. Abdaláh ordenó la restauración de la Medersa de Ben Yussef (foto superior), fundada en la época de los benimerines, y facilitó la construcción de la Mellah, al donar a la comunidad judía un amplio terreno junto a su palacio.- Tras su muerte y la de su sucesor, llegó al trono el único descendiente vivo de la familia real, Sidi Ahmed al Mansour, el hermano exiliado de Mulay Abdaláh. El mandato de Muley Ahmed al Manssur “el dorado” (*1) fue quizá el mas glorioso de la historia de Marrakech en muchos aspectos, entre ellos el arquitectónico: mandó construir el mausoleo de de su dinastía, donde él mismo está enterrado -y que conocemos hoy día como las tumbas saadíes (foto inferior)-, el palacio de El Badi, una nueva kasbah, y numerosas fuentes, mezquitas y fonduks, dejando la ciudad con un aspecto deslumbrante y con un censo de casi 750.000 habitantes.

Muley Ahmed al Mansour murió sin dejar clara su sucesión, lo que provocó, como no, nuevas disputas (o quizá.... reverdecer antiguas disputas). Tras una época practicamente anárquica donde proclamarse rey era un deporte de riesgo, subió al trono en 1669 Muley Rachid, el primer rey de la dinastía que reina en la actualidad, la alaouita. El reinado de Muley Rachid se centró en la desagradecida pero necesaria reorganización del poder, dejando el camino despejado a su sucesor, Muley Ismail.- El reinado de Muley Ismail, extraordinario rey, la crueldad personificada, o ninfómano empedernido -según la fuente que consultes-, si bien supuso una época de esplendor para Marruecos -no en vano reinó durante más de medio siglo-, y en especial para Meknés a la que nombró su capital, para Marrakech significó el inicio de un periodo de abandono, expolio y decadencia.- Ejemplo de lo anterior es el "desmantelamiento" del palacio el Badi para aprovechar sus materiales nobles para los nuevos palacios de Meknés, el sellado para su olvido del mausoleo de los saadíes... (preguntadle a Volúbilis si sabe algo de esto).

Meknes como capital, Fez la ciudad de la cultura, Dar el Beida (Casablanca) en pleno despegue y Marrakech condenada al olvido... había entrado de lleno en su segundo ocaso.-

No obstante, y movido quizás por su remordimiento por el trato dado a Marrakech, Muley Ismail dejó también su impronta positiva en la ciudad, al instaurar en 1685 la peregrinación durante una semana a las tumbas de los siete santos, también conocidos como los siete durmientes de Marrakech, a razón de una por día.- Se trataba de siete personas de santidad reconocida por la tradición religiosa popular, estudiosos del Islam unos, propagadores de la tradición sufí otros, nacidos en épocas diferentes, y que tenían en común -al margen de su santidad y veneración popular- el estar enterrados en Marrakech.- La personalidad más relevante es la Sidi Bel Abbés, patrón de la ciudad. Muley Ismail mandó restaurar sus mausoleos, quizás para pedir su protección ante las maldiciones que le pudiera echar los marrakechíes.

La ciudad tuvo que esperar casi un siglo de gobierno alauita para que se le prestara de nuevo algo de atención.- El sultán Sidi Mohamed Ben Abdel-lah, el mismo que expulsó a los portugueses de sus enclaves atlánticos y fundó Essaouira, fué un monarca viajero, sin sede de capitalidad permanente, por lo que mandó restaurar los palacios reales de las ciudades más importantes, renovando y ampliando, entre otros, el de Marrakech, y dotando a la ciudad de nuevos jardines.- No obstante, la decadencia de la ciudad era patente cuando Alí Bey la visita en los albores del siglo XIX, describiéndola como una ciudad arruinada y despoblada por las sucesivas guerras y epidemias, contando en aquel entonces con apenas 30.ooo habitantes.- Ya bien entrado el siglo XIX, bajo el reinado de Muley Abderrahman y su hijo Mohamed IV, se restauraron y renovaron los jardines de Agdal y de la Menara, y se construyó en el frontal del estanque de este último el pequeño pero señorial edificio que aún hoy continúa sirviendo de nexo visual entre las cumbres del Atlas y las aguas del estanque (foto inferior).-


Tras la firma en 1906 del tratado de Algeciras, Marrakech quedó dentro del protectorado francés y el mariscal Lyautey, que ejerció su mandato entre 1912 y 1925, hizo del palacio de la Bahía su sede de gobierno. - Lyautey , en una actitud que le honra alejada de los usuales mesianismos culturales, consideró imprescindible mantener las peculiaridades de las ciudades y medinas marroquíes, motivo por el cual se optó por contruir ciudades nuevas junto a los recintos históricos, procurando no alterar lo más mínimo la urbe original y su idiosincrasia.- Miles de franceses se afincaron en la nueva Marrakech (Gueliz), ciudad que les embriagó, iniciando proyectos de restauración privados que potenciaron -aunque no enriquecieron- la ciudad. También Thami el Glaoui -ver Telouet-, pachá de Marrakech y simpatizante del protectorado, construyó su palacio en la medina donde se cuenta que las fiestas eran desmadradas.

Tras la independencia, se trató de promocionar a la ciudad turísticamente, dotándola de una amplia infraestructura que atrajera a los visitantes y que diera a la ciudad un prestigio internacional (construcción del Palacio de Congresos, saneamiento y embellecimiento de jardines, restauración del Palacio real, ...).- Esta proyección de la ciudad como destino de turismo orientado hacia el "gran público" se ha intensificado en los últimos años, multiplicándose hasta la saciedad la creación de Riads y establecimientos similares .- La especulación no ha tardado en hacer acto de presencia y, lugares emblemáticos para la Ciudad, como su antaño extenso palmeral, corren el riesgo de desaparecer víctima de la omnipresente especulación urbanística.



*1 Ahmed al Manssur expandió el imperio hasta Sudán, y sus triunfos vinieron acompañados de ingentes cantidades de oro y riquezas, motivo por el cual se ganó el apodo de “el dorado”

1 comentario:

Jordi (Kasbah) dijo...

Esto cada vez tiene mejor pinta, ni que decir tiene que me he convertido en tu seguidor y te felicito una vez más.
Saludos. Jordi

Creative Commons License
.

Páginas vistas en total