Alfombras:



Quizá sea la alfombra la compra por excelencia en Marruecos y su venta está dentro de los negocios que mas ingresos dan al país. Tradicionalmente han sido confeccionadas por las mujeres. En el mundo rural casi todas saben tejer, y muchas dedican a ello gran parte del tiempo "libre", sobre todo en invierno cuando el frío obliga a frenar el pulso de la vida.

La cultura de la alfombra está muy arraigada. No solo sirven para tupir el suelo de los hogares, sino que para los marroquíes la alfombra es lo que el oro a los gitanos: la tienes, la disfrutas, pero si en algún momento pasas una dificultad (cosechas malogradas, desperfectos en la vivienda, etc) la llevas al zoco para convertirla en cash. Por tanto, se podría decir que la confección de alfombras es un buen apoyo de la economía de las familias.

En marruecos conviven decenas de culturas, decenas de formas diferentes de entender la vida, y cada una de ellas teje las alfombras con colores, motivos, texturas y técnicas diferentes. No me voy a meter en ellas simplemente porque las desconozco. Unicamente señalaré que las urbanas son muy diferentes a las rurales. Las urbanas son de mayores dimensiones, colores fuertes y con bordados a base de repeticiones simétricas de motivos geométricos. Las rurales pueden ser de diferentes colores dependiendo de la procedencia, mas claras en el Atlas medio -donde son típicos los klim, tupidas con largos hilos de lana- y mas vivas al sur.

Hablemos ahora del lado oscuro de la fuerza... Les deben gustar tanto las alfombras que opinan que todo turista debe regresar con una a casa. Tan solo en la medina de Fez hay cientos de chiringuitos de venta de alfombras, algunos casi como una planta de El Corte Inglés. Todo marroquí metido en el mundo turístico tiene un "primo" que vende alfombras (fuerte casualidad), y si paseando por el palmeral de Tinerhir alguien os invita a tomar un té a su casa, 90% que degustaremos ese té en el taller de alfombras de su "primo".

Juguemos ahora con cuentas hipotéticas. Si contáramos todas las alfombras de todos los garitos de todas las ciudades de todo el país, mínimo 1.000.000 de alfombras a la venta. Contando con que se tardan meses en confeccionar una buena alfombra artesanal, no cuadran las cuentas. La solución: mala calidad de muchas artesanales (bordes arqueados, motivos mal dibujados, etc) por una excesiva presión a los malpagados productores, e importación de otras tantas, sobre todo de los países bajos -acrílicas y de fábrica-.

Yo particularmente no se diferenciar si una alfombra es buena o no... únicamente sé si me gusta, pero ante la posibilidad del clavo siempre he rehusado su compra. Me se la teoría, que expongo a continuación, pero no se ponerla en práctica: Observar si los bordes están rectos, rascar con la uña para ver si los nudos son prietos, y arrancar un trozo de lana del reverso para prenderlo (si no se quema pero huele a cordero asado, es realmente de lana). Si estos consejos no os son suficientes -cosa por otro lado lógica, no lo son para mi- la solución es preparar el bolsillo y comprar una alfombra que haya pasado el control de calidad del ministerio de artesanía, ya que garantizan su origen y tienen un código de colores acorde con el acabado del producto: etiquetas naranja, azul, verde o amarilla (orden decreciente de calidad).

Para terminar, se están poniendo de moda unas alfombras incómodas, de mala calidad y de pequeñas dimensiones que los comerciantes dicen hechas de "lana de cactus", y las venden como rosquillas tras demostrar que son ignífugas. Pues prender prenden... y aunque no lo hicieran no entiendo la importancia que se le da a tan asombrosa propiedad... ¡a si!, si se te quema la casa al menos puedes recuperar la alfombra, gran ventaja.

1 comentario:

Unknown dijo...

Gracias por los consejos!

Se me ocurre que lo de la alfombra ignífuga puede ser muy útil para ponerla delante de la chimenea, donde deben de pasar el invierno en las montañas de Marruecos. Si salta una chispa no se te incendia la casa ;)

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